Las tierras de Algatocín se extienden de este a oeste a lomos de la sierra que separa los ríos Genal y Guadiaro, entre lomas de pinos, castaños, alcornoques y encinas. El bosque baja entre olivos y almendros por la carretera de Jubrique hasta el Genal y allí se mezcla con pequeños huertos en las riberas del río. Por el oeste el arbolado es más escaso y aparece salpicando campos de cereal que bajan hasta las proximidades del Guadiaro. El pueblo, situado al pie de la Sierrecilla, a 724 metros sobre el nivel del mar, se asoma al valle del Genal aportando a un excelente paisaje la pincelada blanca de sus casas sobre la loma del Fraile.
En el Valle del Genal el visitante puede contemplar un caso singular de integración entre el aprovechamiento humano del territorio y su medio natural. Los usos humanos, tanto en los espacios edificados como en el territorio, son generalmente un extraordinario ejemplo de respeto a la Naturaleza. El urbanismo popular de la montaña mediterránea andaluza, rezuma en estos pueblos sabor a historia, que es sobre todo árabe, en sus callejas, a menudo angostas, tortuosas y empinadas, para adaptar las casas a los accidentes del terreno. El paisaje humano lo contemplan pequeños huertos familiares que cubren pequeñas terrazas o fondos de los estrechos valles. Es la integración entre el hombre y el medio lo que constituye uno de los principales encantos del Valle del Genal.
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